MANIFIESTO por la necesidad de un OCIO EDUCATIVO

Manifiesto por la necesidad de un ocio educativo

Durante el marco de la crisis sanitaria y estado de alarma y de restricciones de contacto físico, originado por la pandemia del COVID-19, las entidades, colectivos y personas firmantes de este documento: representantes políticas, profesionales, juveniles y empresariales; se unen para reivindicar con este manifiesto, el valor intrínseco del ocio educativo y comunitario como elemento de derecho de la ciudadanía, pero también como un espacio para el desarrollo y crecimiento personal de la juventud. Esta crisis sanitaria, que también es económica y social, ha dejado en evidencia que el ocio educativo merece un reconocimiento especial por los valores y ejemplos que aporta al conjunto de la ciudadanía y es por ello que exponemos el siguiente,

Marco conceptual

La situación actual y la juventud

 

La crisis financiera del 2008 supuso un golpe para las condiciones de vida de la juventud. A raíz de ella, los datos socioeconómicos de las personas jóvenes dejaron de medirse sólo en términos de la precariedad, para pasar a computar en las de pobreza y exclusión social. Las medidas tomadas para afrontar aquella crisis, tuvieron como víctimas colaterales al sistema de las políticas de juventud y sus estructuras: por todo el territorio desaparecieron Consejos de Juventud, espacios, subvenciones y asociaciones juveniles; privando finalmente a la población juvenil el disfrute de la propia calle en favor de los espacios digitales. Aunque la pobreza juvenil, haya generado que estos espacios digitales no sean accesibles para toda la juventud, alejándola de la plena inclusión.

La visión social, fundamentalmente adulta, de la adolescencia y juventud destaca por su carácter negativo. A modo de doble moral, se ofrece “la juventud” como un valor deseado, pero a la vez se criminalizan sus comportamientos tildandolos de individualistas, irresponsables y egoístas. Perspectiva que no tiene en cuenta la voz de este segmento de población, menospreciándola y apartándola de la participación libre y eficaz en el desarrollo político, social, económico y cultural que les otorga el artículo 48 de La Constitución.

Las políticas públicas también responden a esos estereotipos sobre la juventud, asentadas en la desconfianza no cuentan con las personas jóvenes como agentes de la sociedad. Es necesario que las políticas de juventud que hagan frente a la actual crisis se basen en la participación y en la capacidad de acción de la población juvenil. Deben proporcionar herramientas de desarrollo y crecimiento, siempre en diálogo con ella y sus organizaciones.

En la situación actual, adolescentes y jóvenes demuestran una vez más que son responsables, se preocupan por su entorno, participan, se organizan y dan respuesta de forma colectiva no solamente a sus propias necesidades, sino solidariamente a las comunitarias. Desde el principio del confinamiento, se ha comprobado que la movilización y las respuestas colectivas de las personas y entidades juveniles, se producen quizá con más rapidez que en las adultas. A la vez se ha redescubierto a las adolescentes y jóvenes, comprobando que los canales de comunicación a los que nos hemos visto abocadas, son espacios naturales para la gente joven, y donde se visibiliza su participación.

El tiempo libre como espacio vital

 

El actual modelo social y económico, que acentúa desigualdades y que en ocasiones resulta incompatible con la vida, con el buen vivir, se encuentra en apuros. Necesita urgentemente un replanteamiento para construir alternativas desde lo colectivo, con las personas en el centro, que garantice la calidad de vida para toda la ciudadanía con independencia de su condición socioeconómica. La comprobación durante el confinamiento de que las personas viven agobiadas, estresadas, en conflicto entre el derecho al tiempo libre y la productividad, en un paradigma de consumo de ocio que no capacita para la autonomía, evidencia que su sostenimiento no es efectivo.

El tiempo libre, en sí mismo, es un derecho fundamental como así quedó recogido en el artículo 24 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”.

Las manifestaciones del ocio en el tiempo libre en referencia a la calidad de vida, no suponen un descanso sobre el tiempo de trabajo, o un momento de escapatoria de la parte seria y formal de la vida: el tiempo libre está asociado a lo lúdico, y es inherente a la condición humana. Las vivencias y los valores de las prácticas de ocio necesitan estar incluidas también en lo cotidiano, ya que constituyen un auténtico espacio de relación social y desarrollo personal. Cabe pues replantearse el modelo de ocio, en especial para adolescentes y jóvenes.

La educación no formal: el ocio educativo y comunitario

 

Una vez más, la situación actual de confinamiento nos ha abierto los ojos sobre la importancia que las actividades lúdicas y recreativas tienen. Y cuando este ocio es educativo, cuando está basado en una educación en valores, se convierte en una herramienta de primera necesidad.

El ocio educativo y comunitario es educación y aprendizaje, bidireccional y participativo, con objetivos, competencias y metodologías, tal y como sucede en otros sistemas como la escuela, pero en otros espacios y tiempos. Trabajando las funciones básicas de toda educación, pero partiendo de los intereses y necesidades de cada persona, en nuestro caso de la adolescencia y de la juventud. Abarcan áreas como la música, las artes plásticas, el deporte, el medio ambiente, el aprendizaje servicio, el voluntariado, el compromiso con la sociedad, el trabajo en grupo o la diversión, sin olvidar la perspectiva de género. Las materias curriculares minusvaloradas por el sistema educativo y por la sociedad en general como las expresiones artísticas o la actividad física demuestran su valor como sostén anímico y, por lo tanto, vital. Esta crisis nos ha hecho visibilizar también la relevancia del hogar como espacio de aprendizaje, de colaboración, de cuidados. Reconectarse con estas tareas, compartirlas, aprender a realizarlas, a hacerse cargo, desarrolla la autonomía y la corresponsabilidad.

El ocio educativo y comunitario es convivencia, descanso, diversión y desarrollo personal. Tiene una dimensión lúdica, que resulta imprescindible para el equilibrio social, físico, psicológico y emocional de la persona. Su dimensión ecológica, nos obliga a la mirada del entorno y sobre su cuidado, y nos apremia sobre el impacto que tenemos sobre la naturaleza, los seres vivos, la comunidad. Los centros y entidades para el ocio educativo, son espacios de socialización seguros, con figuras de referencia positivas, alejados de la violencia y de las actividades de riesgo. Se basan en la participación voluntaria, automotivada y gratificante, pero en relación para con otras personas, diversas, con diferentes realidades y experiencias, que permiten la acción educativa y el desarrollo comunitario.

La verdadera inclusión

 

En el 2019, la juventud, soportó datos estadísticos como: tasas de desempleo de alrededor un 25%, que más de un 33% se encontraba en situación de riesgo de pobreza o exclusión social, o que poco más de un 18% de las personas menores de 30 años pudo emanciparse. Estos datos hablan de precariedad, pobreza y dependencia, elementos que definen una vida paralizada, sin posibilidad de iniciar un proyecto propio, independizarse, formar una familia, emprender.

Por estas razones, hablar de inclusión refiere irremediablemente a las condiciones socioeconómicas y educativas de un colectivo, el juvenil, que se encuentra cada vez más amenazado. Se hace imprescindible abordar medidas que eviten la exclusión social, y evadan la precariedad, el paro, la dependencia o el abandono escolar. Medidas que deben tener dos perspectivas: el presente y el futuro.

Cuando la población juvenil está siendo duramente afectada por las consecuencias socioeconómicas, educativas y sociales derivadas del COVID-19, se debe actuar de inmediato. Actuar por la juventud no es actuar por el futuro, juventud precaria significa una sociedad precaria en el presente. Sin embargo, estas medidas inmediatas, se deben tomar como la antesala de planes y políticas profundas que no se desentiendan de quienes sufren esta situación, sino que las acompañen a la vez que detectan más personas vulnerables.

Al igual que otros imprescindibles, el ocio educativo y la educación no formal, son servicios públicos en los espacios donde se visibilizan las desigualdades: la calle. El ocio educativo, és acción educativa con carácter universal, desde una perspectiva de equidad, garantizando la igualdad de oportunidades y combatiendo las desigualdades sociales estructurales y coyunturales, y mediante la promoción de las habilidades para la vida.

La juventud con menos oportunidades se beneficia doblemente de los centros y actividades de educación no formal. Estos suelen ser espacios donde no se estigmatiza, se adquieren competencias importantes para el desarrollo personal y profesional, para la socialización, y donde las profesionales juveniles ofrecen referentes positivos y vinculaciones afectivas seguras. La apuesta por ellos es un instrumento fundamental para la inclusión social: un sistema de ocio educativo público, universal y de calidad que se adapte a las diferentes realidades de cada territorio, será un recurso esencial para la recuperación de los ritmos, hábitos y entornos comunitarios de adolescentes y jóvenes.

Las virtudes y potencialidades de la educación no formal tomarán este año una relevancia especial. Será posible más que nunca, visibilizar la aportación que siempre ha supuesto a los procesos de aprendizaje y socialización, su contribución a la cohesión, la inclusión social y la expresión llena de la diversidad cultural de nuestra comunidad.

Los cuatro sectores

Las entidades juveniles

 

Desde inicio de siglo, y como consecuencia de la crisis financiera, las siguientes comunidades o ciudades autónomas perdieron su organismo independiente de representación de la sociedad civil juvenil con personalidad jurídica propia, el Consejo de Juventud: Galicia, Cantabria, Aragón, Islas Baleares, Madrid, Castilla-La Mancha, Murcia, Andalucía, Canarias, Ceuta y Melilla. A la vez, se eliminaron ayudas, subvenciones, espacios y programas específicos de juventud vinculados a los mismos.

Estando aún en la tarea de recuperar parte del sistema arrebatado, la entrada a esta crisis pone en peligro no solo esta recuperación, sino todo lo que se ha mantenido o conseguido hasta ahora. No se puede negociar con el sistema que sustenta la participación social y política de uno de los colectivos de edad más vulnerables y que cuenta con mayor riesgo de pobreza o exclusión social. Debe apostarse firmemente por mantener e incluso hacer crecer este sistema: ayudas y subvenciones suficientes, canales de información, espacios de participación, de ocio y desarrollo, recursos para el acompañamiento, el emprendimiento, para la expresión cultural y artística…

Las entidades juveniles son un claro ejemplo de lugares de aprendizaje de la vida en comunidad y por la comunidad, de adquisición de las habilidades sociales, de desarrollo personal, de experiencia democrática y de servicio. Éste es el valor del voluntariado. Entidades que son elementos claves que suman en cualquier ámbito de esta situación extraordinaria. La cocreación de proyectos comunitarios con participación pública, privada y jóvenes son ejemplo de calidad democrática. Los consejos de la juventud, por otra parte, aglutinan a estas entidades juveniles y generan espacios donde poder compartir sus inquietudes y crear redes mediante una participación activa en defensa de la juventud.

Precisamente el voluntariado ha permitido la supervivencia de muchas actividades en esta situación de crisis, y las entidades que lo sostienen son insustituibles e imprescindibles.

 

Las empresas de ocio educativo

 

Las empresas especializadas del sector sociocultural desarrollan planes, proyectos y acciones socioculturales en el ámbito de la infancia, juventud, gente mayor o diversidad funcional. Trabajan con plena conciencia de prestación de servicios públicos, y generan una enorme riqueza con impacto social. Son diversas y con potencialidad para trabajar desde miradas transversales y complementarias, destacando sus capacidades de transformación social y de adaptación al entorno. Y en constante aumento de su peso económico y laboral en el sistema productivo.

En estos momentos, el compromiso de las empresas socioculturales o de cultura de proximidad, pasa necesariamente por un entendimiento con los diferentes actores sociales y políticos, acordando y disponiendo los medios materiales, profesionales y técnicos necesarios para dar continuidad a su tarea, sin dejar de subjetivar y profesionalizar el sector.

En un elevado porcentaje de casos son las encargadas de desplegar las políticas públicas, muy especialmente en el ámbito local, por lo tanto, son plenamente conscientes de la importancia vital de mantener activos los servicios y programas que hacen posible la interlocución y el vínculo socioeducativo. Manifiestan en este sentido su completo compromiso en la defensa del ocio educativo, que demuestra en situaciones como las actuales, su auténtico valor y capacidad de atención a la juventud, proyectando y promoviendo su iniciativa y capacidad innovadora.

El cierre de proyectos y programas, pone en riesgo la continuidad de las dinámicas socioeducativas propias del sector. Mientras que la no suspensión y su mantenimiento, permite mantener el nexo con los colectivos juveniles, y aumentar las posibilidades de ofrecer apoyo emocional, generar recursos prácticos que dan continuidad a proyectos vitales y acompañar en las dinámicas asociativas, comunitarias y de expresión artística y cultural

     7.-Las políticas de juventud a nivel local

 

Las políticas de juventud deben garantizar la relación entre la Administración y el conjunto de adolescentes y jóvenes de su ámbito territorial. Estar en contacto, comunicarse, escucharse, tomar decisiones conjuntas. Estamos hablando, obviamente, de un trabajo de proximidad desde la Administración Local, a diario, continuo, complementando la labor de los centros de Educación Formal.

La Información Juvenil ha sido y sigue siendo, el primer paso para la participación y el desarrollo integral de la población juvenil. Partiendo de la Pedagogía Informacional e incidiendo en la alfabetización digital y más concretamente en habilidades que permiten diferenciar entre información veraz y falsa. Pero sumando una metodología basada en educar en la participación, con un ocio inclusivo, desde el deporte, la cultura, y generador de valores comunitarios.

En el actual contexto, estimamos de vital importancia las políticas locales de emancipación. No olvidarlas, supone que serán más necesarias que nunca políticas de vivienda, ocupación, formación y habilidades para la vida. Y para todo ello será imprescindible el acceso a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) pero también a las TAC (Tecnologías para el Aprendizaje y el Conocimiento).

Planteamos vincular la integración cívica con la independencia económica proporcionada por el trabajo. La exclusión que supone la juventud dependiente económicamente, de aquella emancipada, se agravará en el futuro inmediato. Las políticas de juventud deben definir estrategias para compensar ese déficit. Cabe contemplar medidas que faciliten la emancipación plena, enfocándolas no como acciones puntuales a una situación de emergencia, sino duraderas en el tiempo.

Profesionales de juventud

 

Es el colectivo de personas que, en el marco de las políticas de juventud, se dedican al estudio, la investigación, el diseño, la dirección, la gestión, la aplicación o la evaluación de planes, programas, proyectos, actividades o tareas destinadas a adolescentes y jóvenes. Ejercen tanto desde las Administraciones Públicas, el sector privado, las instituciones sin ánimo de lucro y el tejido asociativo, con el objetivo de favorecer el desarrollo juvenil hacia su ciudadanía plena.

Como colectivo profesional es experto en adolescencia y juventud, con sus características propias y esenciales, conocedores de los tiempos, los lenguajes, las inquietudes y necesidades de estos colectivos. Actúan a través de diferentes metodologías de participación juvenil basadas en el respeto, la toma de decisiones, la asunción de responsabilidades, la solidaridad y la igualdad como herramientas de transformación social y empoderamiento.

La misión fundamental de las y los profesionales de juventud es establecer espacios de relación, interlocución, escucha y conocimiento con las personas adolescentes y jóvenes. Acompañar sus trayectorias vitales, con tareas de apoyo y mediación para asegurar su acceso a servicios y recursos, de forma que se garantice su participación política y social. Se trata de una tarea socioeducativa y de acompañamiento. El protagonismo es de las personas jóvenes, y las profesionales son facilitadoras para que las propias jóvenes desarrollen propuestas, proyectos, actividades e iniciativas concebidas y desarrolladas según sus criterios e intereses.

Resulta imprescindible, como se ve desde hace años, reconocer y definir la figura de las y los profesionales de juventud para dignificar y poner en valor esta tarea. Y explicitar que se trata de un sector profundamente precarizado, que debe protegerse para que esta crisis no sirva para que se agudice en ello.

La conclusión

Un servicio esencial

Proclamamos la imperiosa necesidad sobre el hecho de que la actual situación, no solo no suponga una interrupción del sistema de políticas de juventud, sino que ayude a hacer todavía más patente su esencialidad. Evidenciando la aportación estratégica que supone su consolidación, incrementando los servicios con capacidad de escucha, atención, acompañamiento y promoción de las juventudes y la condición juvenil, no como valor de futuro sino como realidad llena e incuestionable. Y ante esta esencialidad, tiene sentido la reivindicación de que las políticas de juventud se encuentren en los departamentos regionales con su debido protagonismo, y no relegado.

En esta coyuntura es preciso poner en marcha medidas para paliar la situación a la que nos enfrentamos, a la vez que pensar a largo plazo proponiendo planes que tengan una visión estructural sobre la realidad en que vive la juventud. Necesitamos un plan director de intervención, coordinado, adaptado a los tiempos que vendrán y a cada territorio, que innove, que mejore los servicios ya prestados, que los amplíe y optimice; que garantice el acceso a estos para toda la población juvenil; precisamos profesionales de juventud, políticas locales, empresas de calidad, con responsabilidad social, que tejan red con las personas jóvenes, con sus proyectos, en sus entidades, asociadas o no.

Los efectos de esta crisis manifiesta la necesidad que tiene la juventud, de figuras profesionales que les acompañen y orienten, que les faciliten la creación por ellas mismas de su itinerario vital, ejerciendo sus derechos de ciudadanía en el aquí y el ahora.

Constatamos que, en las políticas de juventud, se produce un paradigma del trabajo en red que posibilita la alineación en los mismos objetivos a: la Administración, la juventud, las profesionales y las empresas; sobre la base del principio de corresponsabilidad.

Expresamos que, esta juventud ha descubierto lo que es esencial, lo superfluo y lo verdaderamente necesario. Escuchemosla. Pero aún más: cedamos ese espacio que es suyo, acompañemos, aprendamos, cambiemos y crezcamos conjuntamente.

Por todo ello, PROPONEMOS

1. A la Comunidades Autónomas, incorporar el derecho al ocio educativo y comunitario, y la importancia de la educación no formal, en sus ordenamientos jurídicos.

2. A las Administraciones territoriales, crear un sistema público de ocio educativo coordinadamente con Administraciones locales y entidades juveniles.

3. Al Ministerio de Educación y Formación Profesional, la ordenación de los perfiles profesionales especializados en juventud, tanto en Formación Profesional como en estudios Universitarios, y la homologación de las formaciones realizadas por las Escuelas de formación en tiempo libre y animación sociocultural a los certificados de profesionalidad.

4. Al Ministerio de Educación y Formación Profesional, un sistema para el reconocimiento de las habilidades y competencias adquiridas en el voluntariado y en la educación no formal, e incorporarlas a los requisitos puntuables en la Administración.

5. Al Gobierno del Estado, una Ley de Participación que garantice este sistema, sus servicios, la participación juvenil y su empoderamiento, así como el soporte específico y claro al asociacionismo juvenil y los Consejos de Juventud.

6. A la Administraciones públicas, un desarrollo normativo que garantice la continuidad de los servicios públicos de juventud en situaciones de crisis y emergencias, en tanto el uso de tecnologías de la información y la comunicación puedan sustituir los servicios presenciales, pasando a la consideración de servicios esenciales.

7. A la Administraciones públicas, la activación de políticas socioculturales concretas, que promuevan la colaboración público-privada, la creación de espacios propicios para la generación y desarrollo de proyectos socioculturales, y la dotación económica y de recursos a las iniciativas del ámbito sociocultural.

8. Al conjunto de entidades, la generación de un plan de comunicación y sensibilización para promocionar los servicios del sector del ocio educativo, la animación sociocultural y la cultura de proximidad, con apoyo público y privado.

9. Al Gobierno del Estado, la reducción de los tipos de IVA de todos los servicios asociados al ocio educativo, la educación no formal y los servicios culturales, aludiendo su ineluctable valor estratégico.

Pasa a la acción y apoya el Manifiesto por el Ocio Educativo

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